La creatividad en los procesos restaurativos: cuando la justicia se atreve a imaginar
Durante mucho tiempo, el Derecho ha sido asociado con la técnica, la norma y la formalidad. La creatividad parecía pertenecer a otros territorios. Sin embargo, la práctica restaurativa me ha enseñado algo distinto: sin creatividad, la justicia se vuelve repetición sin sentido; con creatividad, se convierte en transformación.
El sistema tradicional opera bajo una lógica clara: hecho, proceso, sanción. Hay orden. Hay estructura. Pero muchas veces falta algo esencial: un espacio para comprender lo humano que habita detrás del conflicto. La justicia restaurativa introduce preguntas que no siempre caben en un expediente: ¿qué ocurrió realmente?, ¿quiénes fueron afectados?, ¿qué necesidades emergen?, ¿qué responsabilidad es posible asumir?, ¿cómo se proyecta una reparación con sentido?
Responder estas preguntas exige algo más que técnica jurídica. Exige imaginación moral. El constructor de paz John Paul Lederach habla de la capacidad de imaginar relaciones distintas a las que produjo el conflicto. Esa imaginación no es ingenuidad; es una competencia ética y política. Y necesita creatividad.
La creatividad en procesos restaurativos no es improvisación. Es estructura. Es diseñar preguntas que abran conciencia en lugar de generar defensa. Es incorporar herramientas que permitan hablar del daño sin reducir a nadie a su error. Es traducir el lenguaje jurídico en experiencia comprensible para todos y todas.
Hubo un momento en mi ejercicio como abogada en el que sentí una incomodidad. Tenía el conocimiento jurídico y el marco normativo, pero no encontraba herramientas suficientes para acompañar lo humano. Sabía cómo era el proceso, pero no siempre sabía cómo sostener conversaciones difíciles. Esa ausencia fue el punto de partida.
El Arte de Hacer las Paces nace precisamente de esa necesidad. De reconocer que la justicia restaurativa requiere dispositivos pedagógicos y simbólicos que humanicen el proceso. Crear fue mi manera de no resignarme a la rigidez ni a la violencia.
He aprendido que la creatividad es una forma de cuidado. Permite adaptar el proceso a cada persona, respetar el ritmo emocional y abrir espacios seguros. En contextos marcados por desigualdad y exclusión, optar por la creatividad también es una decisión política: es negarse a reducir lo humano a un expediente.
Tal vez la pregunta no es si la justicia puede ser creativa.
Tal vez la pregunta es si puede ser verdaderamente restaurativa sin creatividad.
Porque cuando lo humano vuelve al centro, comienza la paz.
Diana Sofia Benavides Lasso / 17 de febrero 2026